- Perspectivas sobre el trabajo grupal.
En un grupo se pone en juego una dimensión de la experiencia que no siempre resulta evidente. El psicoanálisis ha mostrado, desde Sigmund Freud, que no somos completamente dueños de lo que pensamos, sentimos o hacemos. Si afirmamos que ninguna persona podría desarrollarse en soledad, intuimos que nuestra forma de pensar, sentir y vincularnos se construye siempre con otros, en relaciones que nos sostienen, pero que también pueden resultar conflictivas.
En un primer momento, el ingreso a un grupo puede resultar incierto o incluso intimidante, pero la experiencia suele ir mostrando algo distinto. El grupo puede convertirse en un espacio de sostén, donde lo que a cada uno le ocurre empieza a ser escuchado, retomado y trabajado con otros. En ese intercambio, no se trata tanto de recibir respuestas cerradas, sino de encontrarse con distintas maneras de leer una misma situación, lo que muchas veces abre nuevas posibilidades frente a aquello que aparece como fijo o sin salida.
Al mismo tiempo, la escucha de los otros suele producir cierto desplazamiento en la propia experiencia. Aquello que inicialmente se vive como singular o aislado puede empezar a situarse de otro modo al reconocer puntos en común con lo que les sucede a los demás. En este sentido, el grupo permite no sólo hablar, sino también escuchar(se) en otros, lo que puede aliviar la sensación de estar atravesando algo en soledad.
Con el tiempo, se va armando una trama compartida, un espacio donde circulan palabras, experiencias y modos de estar con otros. En ese proceso, cada persona puede ir construyendo nuevas formas de entender lo que le pasa.
Esta modalidad de trabajo grupal será facilitada y sostenida a partir de las intervenciones de dos psicólogos/as que trabajan en “co-coordinación”, es decir que en cada terapia de grupo habrá dos terapeutas del equipo de Intervalos. La co-coordinación facilita la construcción junto a otrxs de una demora, de una temporalidad que aloje operativamente la elaboración colectiva de una verdad singular, aquella que refiera dónde enredamos una y otra vez nuestros pies.
Desde esta perspectiva, lo grupal no es sólo un conjunto de personas reunidas, sino una forma de trabajo donde aparecen aspectos de la propia experiencia que no surgen tal vez en espacios de psicoterapia individual. Este dispositivo propone entonces un espacio para trabajar sobre esta diversidad de recorridos, historias y posiciones, en un marco de respeto, confidencialidad y responsabilidad compartida.
“Si bien en esta carrera tras la verdad no se está sino solo, si bien no se es todos cuando se toca lo verdadero, ninguno sin embargo lo toca sino por los otros” Lacan, J. (1945).
- Características del tratamiento
El ingreso a un espacio de terapia de grupo requiere previamente un proceso de admisión individual con un/a profesional del equipo. En estos encuentros se considera si esta modalidad de tratamiento es adecuada para la persona que consulta. Asimismo, se conversará sobre el motivo de consulta, las características del dispositivo y las pautas necesarias para el funcionamiento del grupo.
La decisión de ingreso será definida por el equipo tratante. En caso de que no se considere oportuno iniciar un tratamiento grupal en ese momento, se orientará al consultante sobre otras alternativas posibles o sobre la posibilidad de una futura readmisión.
La participación en el dispositivo implica la firma del presente consentimiento informado, donde se deja constancia de haber recibido información suficiente sobre las características del tratamiento.
El espacio grupal se desarrolla con una frecuencia semanal. Los encuentros tienen una duración aproximada de 90 minutos, pudiendo presentar variaciones según el desarrollo de cada reunión. La modalidad podrá ser presencial, virtual o combinada, de acuerdo a las características del grupo. En todos los casos, se mantienen las mismas condiciones de trabajo. Se destaca que para la modalidad virtual del encuadre se necesitará contar con un espacio privado/confidencial, cómodo y con buena conectividad a internet.
El tratamiento se orienta según el criterio clínico del equipo, en función de la singularidad de cada situación. En algunos casos, podrá sugerirse la realización de interconsultas o evaluaciones complementarias, que forman parte del proceso terapéutico. No es obligatorio realizar ningún otro tipo de tratamiento (psicoterapéutico, psiquiátrico, u otros) para realizar un proceso grupal, aunque este puede complementarse con aquellos, y en caso de ser necesario, el equipo indicará la correspondiente derivación.
El espacio se sostiene en el compromiso de confidencialidad de todos sus integrantes, tanto participantes como profesionales. Los profesionales garantizan este principio, y sólo podrá ser exceptuado ante situaciones de riesgo cierto e inminente para la persona o para terceros, o por requerimiento de una autoridad judicial competente, de acuerdo con lo establecido por los códigos de ética profesional.
La continuidad del tratamiento requiere el compromiso de asistencia y el respeto por el encuadre acordado. La ausencia a dos encuentros consecutivos sin aviso previo podrá ser considerada como abandono del tratamiento, disponiéndose del horario asignado.
El tratamiento podrá ser interrumpido tanto por decisión del paciente como del equipo tratante. En caso de que el equipo considere necesaria la interrupción por motivos clínicos, se propondrán las derivaciones pertinentes. Del mismo modo, se sugiere que cualquier decisión de finalización por parte del paciente sea comunicado con al menos dos semanas de anticipación para poder ser trabajada en el espacio terapéutico.
El acceso al espacio implica el pago de un honorario mensual, cuyo monto será informado previamente y podrá actualizarse durante el tratamiento. El pago corresponde al espacio reservado dentro del dispositivo, independientemente de la asistencia a cada encuentro, dado que el trabajo grupal se sostiene en la continuidad y participación de sus integrantes.
Los grupos podrán, en determinados momentos, abrirse a la incorporación de nuevos participantes o permanecer cerrados, según el momento del proceso grupal y el criterio del equipo tratante. Estas decisiones serán evaluadas clínicamente y comunicadas al grupo.
- Pautas de encuadre
El funcionamiento del grupo se sostiene en una serie de acuerdos básicos que se recuerdan especialmente en el inicio de cada grupo y ante la incorporación de nuevos/as participantes. Estas pautas no sólo ordenan el espacio, sino que hacen posible el trabajo terapéutico compartido.
En primer lugar, se establece el compromiso de confidencialidad, todo lo que se trabaja en el grupo debe permanecer dentro de ese espacio. Este acuerdo busca resguardar la intimidad de cada participante y favorecer un clima de confianza.
Asimismo, se desaconsejan los vínculos sexo-afectivos, mantener relaciones laborales y los intercambios económicos entre participantes. Si bien no se trata de situaciones que puedan prohibirse de manera absoluta, se considera que pueden interferir en el proceso terapéutico. En caso de que ocurran, serán abordados como parte del trabajo grupal y la co-coordinación evaluará la continuidad de los participantes en el espacio.
Durante los encuentros se espera que cada participante pueda sostener una presencia activa y respetuosa del espacio común. Por este motivo, se evita el uso de teléfonos celulares, las interrupciones innecesarias, las llegadas tardías u otras situaciones que afecten el desarrollo del grupo. Las excepciones podrán contemplarse cuando sean necesarias, y se sugiere que puedan ser comunicadas.
El trabajo grupal implica también una responsabilidad compartida en el modo de participar. Así como cada persona espera ser escuchada, se espera que pueda ofrecer esa misma disposición hacia los demás, favoreciendo un intercambio que haga lugar a la palabra de todos.
Por último, se incorpora el principio de restitución. Esto implica que cualquier situación, intercambio o vínculo que se produzca entre participantes por fuera del espacio grupal deberá ser traído al grupo para su elaboración. Este acuerdo busca evitar que queden aspectos no dichos que puedan interferir en el proceso terapéutico, promoviendo un trabajo abierto y compartido.
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